¿Qué hacemos ante las invasiones del otro?

La vida es intercambio continuo. Hoy vamos a poner la lupa en la “pequeñas invasiones” que suceden en los intercambios humanos. Según esté configurada nuestra identidad, tendemos a evitar la confrontación o todo lo contrario, a promoverla.

Cuando permitimos las invasiones estamos poniendo en juego nuestro femenino perverso que actua con pasividad y convierte la tolerancia en permisividad, evitando decir algo o actuar. Algo dentro de nosotros se queda mal cuando las permitimos, a pesar de que nuestro intelecto nos diga que les quitemos importancia o que no es tan grave. Nos jugamos más de lo que creemos. Son oportunidades para observarnos y ejercitarnos en dar una respuesta lo más funcional posible.  Son oportunidades para implicarnos en cada instante de nuestra vida. Como ejemplos de estas invasiones, una petición inesperada de hacer algo que realmente no queremos, alguien que pide colarse en el super, un compañero de trabajo con el que tengo una diferencia de opinión en como hacer algo que nos implica a los dos, etc. Seguro que todos tenemos muchos ejemplos de situaciones así.

Cuando tiendo a vivir estas invasiones como un ataque ante el cual defenderme, siento que el otro se aprovecha, me da rabia y pongo un límite. Sentir rabia y poner un límite está bien. La cuestión es la lógica desde la que pienso y actúo, desde una percepción de lucha de poder, en la que si el otro se quiere poner por encima, entonces mejor me pongo yo. Con agresividad sutil o no tanto. Estamos poniendo en juego nuestro masculino perverso.

En la primera modalidad no llego y en la segunda me paso. En ambas, opera la lógica del ataque-defensa-huida, es decir, estamos en un paradigma de supervivencia (es una forma de percibirlo e interpretarlo según la ley de selección natural que no es una ley sino una interpretación). La propuesta es operar desde un paradigma lógico. En el paradigma de supervivencia las situaciones se leen como “ABC” y siempre son iguales, la vida es asi y punto, no me planteo nada más, blanco o negro. En el paradigma lógico, utilizo cada cosa que me sucede para hacerme preguntas que me hagan cuestionarme mi identidad y desafiarme a nuevas respuestas, cosa que el “yo” rechaza siempre porque prefiere quedarse como está (instinto de conservación que en realidad es pulsión de muerte).

Desde del paradigma lógico, si mi identidad tiende a la permisividad, la pasividad, la huida y la evitación, esta situación cotidiana me desafía a tomar posición, a desarrollar la capacidad de negociación con el otro, a poner en juego mi determinación, a ponerme un “no”  a la pasividad, a preguntarme que de mí hace que el otro lea que puede sobrepasarse: mi lenguaje no verbal seguramente, ir con el “no sé” por delante; a esto he de ponerme también “no” progresivamente. Esta situación que parece una tontería implica una enorme riqueza para poder verme y desafiarme. Esta bien preguntarse hasta donde me ha llevado en la vida esta pasividad que en esta ocasión a mi “yo” le parece poco importante. En nuestro proceso de desafío y crecimiento, seguramente nos iremos al otro polo de ser agresivos y “bordes” con el otro, está bien, estamos saliendo de nuestra zona de confort y probando hacer distinto. Es parte del proceso de ir refinando nuestra habilidad de posicionarnos.

Desde este paradigma lógico, si mi identidad tiende a vivir estas situaciones desde la lucha y el ataque, esta situación cotidiana me desafía también a hacerme preguntas y descubrirme. Observarme y preguntarme qué de mi identidad se está poniendo en juego. Por ejemplo, si siento la acción del otro como una desvalorización hacia mi, que me está tomando por “tonto”. Ya no me enfada solo la actitud del otro sino la interpretación que yo hago en función de mi “herida” de desvalorización. Es una oportunidad para explorar en mí este aspecto que seguramente se pone en juego en muchas otras situaciones de mi vida. Que me desafía a explorar de donde viene esta herida (o error de percepción) a lo largo de mi biografía y a transitar un proceso de redefinir mi autovaloración. Si progreso en redefinir este aspecto de mi identidad ya no necesitaré actuarlo en forma defensiva en mis intercambios con el otro. Y cuando el otro se sobrepase pondré los limites desde otro lugar mas basado en posicionarme y negociar.

En sintesis, cada acontecimiento de nuestra vida es mucho más aprovechable de lo que pensamos. Dar importancia a estas situaciones, no desde el dramatismo del yo, sino desde la lógica, nos ayuda a propulsar nuestro crecimiento.

Muchas gracias por tu atención,

Carolina Sendino Blanco, 23-05-2022.

 

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