La Pareja y la Comunicación

Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, cómo lo digo, lo que creo que entiende el otro, lo que el otro realmente entiende, lo que el otro piensa, lo que el otro quiere contestar, lo que realmente constesta y cómo lo hace, y vuelta a empezar, la confusión tiene bastantes papeletas de darse en la comunicación.

Tener nociones claras y precisas sobre la naturaleza de la comunicación humana es fundamental para construir relaciones saludables.

Sabemos que en la comunicación hay un emisor y un receptor que trasmiten/intercambian mensajes a través de un canal en una situación o contexto determinado.

Tanto emisor como receptor son personas compuestas de varias dimensiones: 1. sus creencias/expectativas/valores, 2. el lenguaje verbal que utilizan y 3. El lenguaje no verbal que expresan. Saber cómo se combinan estos tres aspectos es relevante para clarificar la comunicación y que ésta nos lleve más al encuentro que al desencuentro.

Las creencias/expectativas/valores/mitos son una parte importante de la identidad de la persona. Son un filtro que afecta a la forma particular de dar y recibir mensajes. Son nuestro manual de instrucciones para la vida, que describe cuál es la mejor manera de pensar, sentir y actuar para que las cosas vayan bien, definen qué es bueno y malo, cómo debe ser el amor, el éxito, la felicidad, etc… Lo hemos ido adquiriendo a través de la cultura, los medios de comunicación, las conversaciones sociales, etc. y, más especificamente, en el seno de nuestra familia. Ejemplo, creencia/mito de “La media naranja” define al otro como aquella persona que te completa y te hace feliz. Si mi pareja hace cosas que no me hacen feliz, y esto es seguro que pasa, es probable que piense que algo no funciona con el otro, cuando lo que tendria que revisar es mi creencia. A nivel intelectual algunos mitos “los tenemos superados” y, sin embargo,en el día a día nos guian sin darnos cuenta. Tomar conciencia de los mitos nos ayuda a cuestionarlos y redefinirlos desde el criterio propio. Hablar de ellos en pareja, ayudará a descubrir estos mitos y así construir un modelo común y propio en que podamos encontrarnos. Crear nuestro propio mito. Un mito dinámico que actualizamos día a día para dar respuesta a las situaciones que nos va planteando la vida.

 

El lenguaje verbal conforma una 35%  de nuestra comunicación y el lenguaje no verbal, un 65%. Este lenguaje no verbal se refiere al tono de la voz, los gestos faciales, posturas corporales y nuestra situación en el espacio. No somos conscientes de él, surge directamente de nuestro interior, dando el mensaje más genuino y emocional. Cuando lenguaje verbal y no verbal están en contradicción se crea ruido en la comunicación. El otro capta un mensaje incoherente que crea confusión y malos entendidos. Un ejemplo es decir sí con las palabras cuando mi cuerpo está diciendo no. Aprender a escuchar nuestro lenguaje no verbal es aprender a escucharnos a nosotros mismos para saber que conflictos internos tenemos, gestionarlos  y trabajarnoslos para que no interfieran tanto nuestra comunicación con el otro. Esta relación honesta conmigo facilitará mi relación con el otro.

Sobre el canal podemos decir que no es lo mismo comunicarse en vivo que a través de las tecnologías. El whatssap hace la comunicación más accesible y también da lugar a malos entendidos ya que se pierde la parte no verbal y contextual. Una directriz útil es usar las tecnologías con objetivos claros y limitados a lo que permiten. Evitando tratar temas ambiguos y que tengan cierta importancia. Por otra parte, si estamos conociendo a una posible pareja y nos comunicarnos a través de las Redes Sociales o las Aplicaciones Sociales, estos canales tienen peculiaridades a tener en cuenta, como no conocer al receptor, que da lugar a un importante margen de imaginación al pensar quién está al otro lado. El contexto es la situación concreta en que nos comunicamos, por ejemplo, estando solos o con los hijos en casa. Este aspecto también es importante gestionarlo para que contribuya al encuentro y no a la confusión.

Gracias por tu atención.

Carolina Sendino Blanco 5.12.2020

 

 

 

 

 

Compártelo en tus redes sociales
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp

Otros aportes

La Identidad Personal
Nuestra identidad comienza a configurarse en nuestra infancia. Madurar hacia el adulto incluye implicarnos en actualizarla a lo largo de toda nuestra vida.
Relaciones interpersonales: de reaccionar en automático a elegir nuestras respuestas
Al relacionarnos, solemos actuar en base a reacciones automáticas. Aprender a observar la secuencia paso a paso de estos patrones reactivos es la forma de transformar las reacciones en respuestas más conscientes y elegidas. Asi, lograremos implicarnos en un proceso de maduración de nosotros mismos y nuestras relaciones.
La culpa en la diferenciación de la familia de origen.
El proceso de diferenciación e individuación de nuestra familia de origen es fundamental para lograr nuestro crecimiento como personas adultas y construir relaciones maduras. Es una diferenciación sobre todo en lo sutil (simbólico) y no en sólo en lo denso (físico) que también. En este proceso sutil la culpa está presente y proviene, como no, de nuestra lealtad a las creencias familiares inconscientes que nos habitan.