Intensidad y Sutileza

Asociamos estar vivos con sentir intensamente. Estar enamorados es sentirnos vivos. Ser apasionado en lo que haces es estar vivo. Ser una persona muy activa, viajar, leer, quedar con gente, hacer y hacer es estar vivo. Ser quién se ríe a menudo, sociable, deportista. Consumir y comprar nos da intensidad. Lucharcontra la injusticia es estar vivo. Sentirnos especiales y reconocidos por el otro es estar vivo. Hay una intensidad, menos reconocida y a la vez muy frecuentemente potenciada de forma inconsciente, que es la adicción al drama, viviendo a través de un lamento en que no nos sentimos suficientes u otros nos hacen sufrir continuamente con sus conductas; decimos no querer esto en nuestra vida y sin embargo parece que estamos enganchados a ello, porque es “el posible” al que limitamos nuestra vida. Hay que cuestionarse si esta intensidad es estar vivos o en una parte es estar adictos y taponar/evitar la vida que es crecimiento. No se trata de negar que la intensidad y todas las acciones nombradas sean parte de la vida, pero si hacer una reflexión al respecto.

Toda esta intensidad tan intensa, hace que nos preguntemos que estamos evitando. Y una respuesta a plantearse es que evitamos encontrarnos con la vida y su proceso sutil que sucede cuadro a cuadro, que desmonta la brocha gorda de la intensidad y los fuegos artificiales químicos en una secuencia milímetro a milímetro que nos pone enfrente de nuestra vida y lo que significa implicarnos en lo que sucede a cada instante en ella.

Me viene un ejercicio muy famoso del Enfoque Mindfulness para representarlo. Consiste en meterse una pasa en la boca y sentir instante a instante el proceso: su gusto, su textura, el paso a paso de deshacerse. Comerse una pasa no parece algo ni intenso ni interesante y sin embargo resulta ser un proceso que puede secuenciarse milimetro a milimetro y que permite descubrir muchas sensaciones en las que nunca habíamos reparado. ¿Y si nos pasa lo mismo con la vida? La engullimos como si fuera un bollo de chocolate si apenas saborear en búsqueda de un subidón de azúcar que siempre nos deja insatisfechos finalmente.

Es un ejemplo de atender a secuencias sutiles. Para mí está secuencia sutil ha de ir más profundo de lo sensorial, supone observar lo que sucede a cada instante en cada dimensión que nos compone: procesos biológicos, acciones, emociones y pensamientos en nosotros y al relacionarnos con otros. Esto no parece ni intenso ni interesante y sin embargo es donde sucede nuestra vida milímetro a milímetro, donde podemos asumirla y vivirla realmente. Alli descubriremos nuestros miedos al vacio, al silencio, la quietud, a no sentirnos reconocidos ni especiales, a la honestidad de reconocer en qué somos injustos nosotros, a descubrir cuanto contribuimos nosotros a las dinámicas de los otros que sentimos que nos hacen sufrir, a cuánto evitamos crecer por no sentirnos suficientes. A través de la sutileza descubrimos nuestros miedos en vez de taparlos y nos damos la oportunidad de crecer, acompañándonos con delicadeza en el proceso, y a la vez, poniéndole con firmeza límites al “yo” y sus trampas sutiles. Desarrollando una madre interna que nos nutre/protege/comprende y un padre interno que nos pone límites para propulsarnos e implicarnos en nuestros deseos genuinos. Al fin, amarnos y no abandonarnos. El miedo de este proceso es intenso y genuino, es un miedo parte del proceso creativo que es la vida. Es el proceso de implicarnos en el desafío de vivir. Si decidimos implicarnos en él, la existencia nos sostiene. La vida está deseando acompañarnos en dar el paso.

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