Descubriendo la Secuencia del Conflicto

 

En nuestra vida adulta, tenemos dificultades en la relación con los demás y en la gestión de nuestras emociones. Es importante observarme qué estoy pensando, sintiendo y actuando porque el patrón que me guía puede tener una estructura muy similar (o justo la opuesta) de un patrón familiar que aprendí a lo largo de mi experiencia sin tomar conciencia de ello. Descubrirlo me hará saber que todo está mucho más relacionado e interconectado de lo que parece. Y sobre todo, descubriré la “secuencia o ecuación concreta” de pensamientos, emociones y acciones con los que gestiono mis dificultades, a partir de los cuales implicarme en encontrar nuevas respuestas más funcionales.

Cada familia es un mundo, pero vemos que hay ciertos “tipos de dinámicas”. Hoy vamos a hablar de una “dinámica depresiva” en la madre. El objetivo no es hablar de diagnósticos sino encontrar estructuras que se repiten. No se trata tampoco de pensar que si mi madre tuvo una depresión yo la tendré. Pero si habrá elementos sutiles y esenciales que se repiten en sus respuestas y en las mías actuales.

En esta dinámica depresiva, en estructura, los pensamientos son más negativos y están muy centrados en la queja, tanto de uno mismo por sentirse no válido, como del otro al que se culpa de no dar respuesta adecuada a mis demandas. La emoción de frustración ante las dificultades se vive como algo intolerable o muy dificil de afrontar, generando una rabia acallada que se transforma en esta queja. Las estrategias de acción son más pasivas.

Vamos a verlo con un ejemplo: una mujer explica que, en la actualidad, su pareja no le apoya en un problema como debería hacerlo (queja de otro). Cuando siente esto, le produce rabia y frustración, va a su habitación y se queda en la cama llorando. (la frustración no debería existir y por tanto no se aborda su gestión, se mantiene una respuesta pasiva). ¿Cómo está gestionando esta frustración? ¿Con qué tipo de “secuencia o ecuación”? ¿De dónde puede provenir? En la exploración de su familia, encontramos un padre autoritario que tenía una actitud impositora hacia su madre en diferentes aspectos. La madre tuvo síntomas depresivos de larga evolución y se mantuvo soportando esta situación durante mucho tiempo hasta que decidió separarse. ¿Qué elementos comunes hay entre la madre y la hija? Ante una dificultad (que es real, no discutimos que esto sea o no así) la interpretación de la situación se basa en la queja del comportamiento del otro que impone o no apoya, se vive la frustración como algo que no debería existir y que tiene difícil solución y se hace un afrontamiento pasivo que consiste en esperar desde la queja que el otro cambie su comportamiento.

Al ver estos elementos comunes que se repiten entre nuestras respuestas actuales y las que hemos aprendido por observación en la infancia sin darnos cuenta, se aclara bastante la secuencia de lo que está sucediendo y tenemos datos precisos de mis pensamientos, emociones y acciones para cuestionarlos y emprender respuestas diferentes. En este caso: asumir que en el mantenimiento del problema yo tambien tengo un rol o papel, no es sólo cosa del otro. Es posible que ese problema en el que siento que el otro que no me apoya, yo también lo esté manteniendo en parte.  Aprender a acompañarme en la frustración y gestionarla, no desde una visión de que no debe ocurrir, sino asumiendo que está ocurriendo, preguntarme que significa para mi y descubrir que hay estrategias de comunicación con el otro con las que puedo expresar como me siento, lo que me molesta sin dar un mensaje de culpabilidad y asi tomar la actitud de que hay que buscar una solución entre los dos. Descubriré también como se siente el otro, que dificultades puede estar sintiendo para acceder a mi. Así estaré saliendo de mi “acción pasiva” y estaré tomando acciones y decisiones activas para buscar soluciones. No significa que estemos de acuerdo en todo, pero estaremos en una postura activa de negociación en la me expreso y doy al otro la oportunidad de expresarse y aportar su vivencia.

No garantiza tampoco la solución perfecta pero doy opción a que haya un espacio y proceso común. No me quedaré en un pasivo que por acumulación de años se convierta en algo irreversible. Si es un problema importante en el que no encontramos un acuerdo, habrá que tomar decisiones en consecuencia, pero desde una madurez que implica asumir mi parte, gestionar mi frustración y tener un papel activo en el proceso.

Esto no es un cambio de un día para otro. El hecho de darse cuenta es el inicio de un proceso, en el que acompañarse a sí misma en las emociones de rabia y frustración, dándose espacio para sentirlas pero sin quedarse anclada en ellas por tiempo indefinido. Sino haciendo una lectura más profunda y precisa de lo que sucede para ir dando pasos a formas más activas y tolerantes de gestionar la frustración asumiendo el rol que también tiene en que el problema se mantenga.

Hemos observado el patrón propio que compone un 50% de lo que sucede en su relación de pareja. Evidentemente el otro 50% corresponde a su pareja y la disponibilidad que tenga de gestionar esta dificultad en colaboración conmigo.

Además, es importante definir que en el patrón del ejemplo puede haber una idea inconsciente de que afrontar  activamente la dificultad puede significar el fin de la relación, tal y como sucedió en el caso de la madre. Esta idea inconsciente puede reforzar el “patrón disfuncional” de no afrontamiento que hemos observado. En el caso de la madre así fue. No tiene porque serlo en su caso. Su pareja es otra, su problema es otro, y existen otras posibilidades, por tanto, de vivirlo. Ella se ha dado cuenta del patrón y va a emprender formas de afrontamiento que pueden llevar a una solución diferente.

Destacar que en este proceso de darme cuenta es muy posible culpar a mi madre de haberme transmitido esto. Hay que hacer un ejercicio de comprensión profundo. Mi madre ha aprendido a su vez estos patrones en sus vivencias, seguramente son insconscientes para ella y son la forma que ha encontrado de gestionar su vida en la mejor forma posible. Desde lo que me ha aportado, me da la oportunidad de ampliar tanto sus límites como los míos, si apuesto por tomar una actitud de crecimiento. Tomar todo lo que me aportó mi madre, incluido lo que me haya causado dolor, es un paso a la madurez. Quedarme en la culpa sería quedarme en el mismo patrón de culpar al otro, sin gestionar mi frustración y en una actitud pasiva. De hecho, las respuestas que damos ante la vida, trascienden a una familia en particular, cada ser humano está expresando y actuando mitos /valores/creencias de la civilizaciónes algo que trasciende a una familia concreta, los seres humanos estamos expresando y actuando mitos de la civilización

Este patrón que he descubierto, no solo se dará con mi pareja, sino que dejará al descubierto dinámicas en otros ámbitos de mi vida como el laboral e incluso la relación con mis hijos. Me encuentro ante una puerta que se abre para observarme… e implicarme con mi vida.

Gracias por tu atención.

 

 

 

 

 

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